—Los enredos son mi sombra; en viniendo yo á la corte, se vienen á mi los tales á bandadas, y lo que es peor, enrédanme, me sofocan, me traen de acá para allá, me sudan y me trasudan, y ni con reliquias de santo que lleve encima, dejan de acometerme. Pero volviendo á vuestra aventura, «Erase una tapada...
—Tapada era.
—...alta y garrida...
—¡Sí!
—...ancha de hombros, alta de seno, manto á los ojos, y halda hasta el suelo.»
—¿Conocéisla?
—No, ¿y vos?
—Tampoco.
—¿Pero no habéis reñido por ella?
—Sí.