—¡Oh! sí; sí, señora—dijo plañideramente Montiño—; abandonado... ultrajado y robado.

—¡Vengáos!—exclamó roncamente Dorotea, saliendo de su inercia y continuando en su exhibición de trajes de los cofres á las sillas.

—No, yo no quiero vengarme... si yo recuperara mi dinero...

—¿Quién es ese?—dijo la Dorotea escandalizándose de que un hombre en tales circunstancias se acordase de otra cosa que de vengarse, y perdiendo de todo punto el miramiento al cocinero mayor.

—Es Francisco Martínez Montiño—dijo el bufón.

—¡Cómo! ¡su tío!

—¿Tío de quién?—exclamó el cocinero...

—De Juan Montiño.

—De don Juan Téllez Girón, querréis decir, señora—dijo el cocinero mayor.

—De Juan Montiño digo—repitió con impaciencia la Dorotea.