—¿No aborreces á doña Clara?

—¡Oh! ¡sí!

—¿No deseas que don Juan sufra como tú?

—Sí, sí.

—Pues bien, ese hombre que está ahí reducido á la nada, aniquilado, ese hombre es el cocinero de su majestad.

—No os comprendo.

—Doña Clara vive en palacio.

—¿Y qué?...

—Un plato de las cocinas del rey, puede bajar al aposento de doña Clara.

—¡Oh! ¡sí! ¡es verdad! ¡yo me vengaré del desamor de don Juan!