—¡Chasco! ¡chasco! ¿qué más chasco que lo que á mí me sucede?—exclamó Montiño llorando.
—Pues de eso hemos estado tratando la Dorotea y yo; del chasco que vamos á dar á vuestra mujer, á vuestra hija... á los que os han robado.
—¡De veras!
—Dorotea... ya lo sabéis... es mucha cosa del duque de Lerma.
—Y tanto—dijo la Dorotea que empezaba á representar su papel, que el duque hace cuanto yo quiero.
—¿Y vos os interesaréis por mí?
—Ya me intereso.
—¿Y lograréis que mi mujer y mi hija sean castigadas, y que yo recobre mi dinero?
—Haré cuanto pueda; tened por cierto que antes de mucho, una nube de ministros de justicia estarán buscando á los criminales.
—¡Ah! ¡señora!