—¡Ha estado aquí! No me espanta, esperado me lo había... ¡horror! recién casado y...

—¿No es verdad que eso es terrible...?

—Lo peor será que vos seáis tan loca como él.

—No puedo remediarlo. La última desgracia que podría sucederme sería no verle.

—¡Pobre Dorotea! debéis haber pecado mucho.

—¡Yo! ¡bah! yo no he hecho tanto como debería haber hecho; yo no he hecho mal á nadie.

—¿Amáis mucho á don Juan?

—No debía amarle.

—No acabaremos nunca. Os pregunto...

—Y bien, le amo.