—¿Y qué puedo hacer, señor?—dijo el lacayo vencido completamente.
—Dime: Esperanza, la doncella de la duquesa, ¿tiene amante?
—Sí, señor—dijo el lacayo—, y está para casarse.
—¡Malo!—dijo para sí el duque—; ¿y con quién se casa Esperanza?
—¿Con quién ha de ser, sino con el señor Cosme Prieto?...
—¿Quién es ese Prieto?
—El ayuda de cámara del duque difunto.
—¡Ah! ¿un vejete?...
—Sí, señor.
—¿Y con ese se casa doña Esperanza?