—¿Qué queréis? tanto robó á su excelencia, que es muy rico.
—¡Ya! pues mira: vas á buscar ahora mismo á Esperanza.
—Muy bien.
—La darás esta sortija y la dirás: el caballero que os envía como señal esta sortija, espera hablaros un momento por una de las ventanas que dan á la callejuela excusada.
—Muy bien, señor.
—Pero al instante, al instante.
—En el momento en que vuelva de avisar al médico de la señora duquesa.
Dióle un vuelco el corazón al duque, pero temeroso de comprometer á doña Juana, no preguntó ni una sola palabra más al lacayo, y recomendándole que concluyera pronto, se fué á esperar á la calleja.
Pasó más de una hora.
Al fin el duque sintió abrir una de las maderas de una reja y luego un ligero siseo de mujer.