—¿Qué me mandáis, señor?—contestó deteniéndose el lacayo.
—Llevad á este hidalgo á donde está su tío.
—Perdonad, señor; pero ¿quién es el tío de este hidalgo?
—El cocinero del rey.
—Seguidme—dijo el joven á Quevedo, estrechándole la mano.
—Nos veremos—contestó Quevedo.
—¿Dónde?
—Adiós.
—¿Pero dónde?
—Nos veremos.