—¿Que me amáis? Si sois un caballero principal, no querréis más que burlaros de mí.
—Vamos claros. Tú te casas con repugnancia con el viejo Cosme Prieto.
—¡Ah! sí, señor; con mucha repugnancia.
—Tú eres muy joven y puedes esperar.
—Como que no tengo más que diez y ocho años.
—Pero apuesto cualquier cosa á que si Prieto se casa contigo, es porque no ha podido ser tu amante.
—¡Bah! bien lo ha querido y me ha ofrecido dinero.
—Pero poco; ¿no es verdad?
—Es muy mísero.
—Vamos, yo soy muy rico y muy generoso: ¿quieres ser mi querida?