El duque se decidió á darse á conocer.
—Y si gritas y vienen y yo no te suelto, te encontrarán con el duque de Osuna.
—¡El duque de Osuna! ¡Dios mío! ¡pero esto no puede ser! ¡no, no, señor, vos me engañáis! ¡el duque de Osuna, cómo había de reparar en mí!
—¿Conoces tú al duque de Osuna?
—Le he visto entrar muchas veces en casa.
—Y yo te he visto á ti muchas veces, y me he enamorado de ti.
—¡Oh Dios mío!
—Entra un tanto, que me voy á dar á conocer de ti.
Entró Esperanza, el duque con ella, cerró el postigo, hizo luz con la linterna que llevaba bajo la capa, se quitó el antifaz y dejó ver su semblante á Esperanza.
La muchacha se estremeció y cayó de rodillas.