—Un hombre que os ama.

—¿Os conozco yo?

—No.

—¿Ni acudís á lugares donde yo pueda hablaros?

—No.

—¿Sois sin embargo, rico?...

—Y noble: pero el ser rico y noble no supone que haya uno de entrar en los salones del rey.

—¡Ah! si sois rico y noble, ¿por qué no os casáis conmigo?

—Porque no puedo.

—¿Sois casado?