—¡Ah! ¡si eso pudiera ser! Pero adiós, señora, adiós.

—¿Volveréis?

—Volveré... dentro de un mes; el primero de Mayo á esta misma hora, por esta misma reja. Adiós.

—Adiós.

El duque de Osuna notó que doña Juana se quedaba en la reja.

Tuvo intenciones de volver.

De decirla: soy yo; yo el hombre que os ama; el hombre á quien amáis.

Porque el duque de Osuna había llegado á comprender que doña Juana le amaba.

Pero había comprendido también que doña Juana tenía fuerza sobrada para contener su amor.

Que era capaz de morir antes que deshonrarse.