—¡Oh, Dios mío!
—Quiero que pases por una dama principal.
—¡Oh, descuidad!... no os avergonzaré, no diré á nadie que he estado sirviendo.
—Lo quiero... no por mí, que eres tú harto hermosa para que pueda disculparme, sino por ti.
—Sí, por ti y por mí. ¡Oh, Dios mío y qué feliz soy! ¡Cuando pienso que he estado á punto de casarme con Cosme Prieto!
—Eso hubiera sido una atrocidad.
—¡Bendita sea lo hora en que el gran duque de Osuna me vió!
—El amor iguala á los bajos con los altos, y si no fuera yo casado...
—¿Te casarías conmigo?
—No; pero no me casaría con otra.