—¡Oh! ¡Dios mío!
—Decid, pues, á vuestro confesor, que el santo de vuestra devoción se os ha aparecido...
—¡Una mentira sacrílega!
—¡Para salvar el honor de una ilustre familia! ¡para salvar vuestro perdido honor!
—Seguid, seguid.
—Diréis que el santo os ha revelado que vuestro esposo está en el purgatorio.
—¡Ah!
—Que para salir de él, necesita que vos hagáis un año de penitencia...
—No os comprendo aún.
—Un año privada de la vista de todo el mundo.