—¡Cómo!
—El duque de Lerma...
—¡Oh! descuida... pero tu madre se acerca.
En efecto, la duquesa venía cargada con una multitud de estuches.
—¿Qué es eso, señora?—dijo don Juan.
—Este es el dote de tu esposa que yo la doy.
—¡Ah! ¡no! ¡no! señora; yo estoy convenientemente dotada por mi padre.
—Tu padre... es rico... lo que se llama rico entre simples caballeros, que no se ven obligados á sostener gran casa, gran servidumbre; pero tú eres esposa de mi hijo...
—Me basta con eso.
—Y mi hijo mañana será muy alto, muy grande...