—Tengo que haceros un encargo muy importante.
—Un encargo importante...
—Don Francisco de Quevedo...
—¡Don Francisco!... ¡ese hombre!... ¡enemigo del rey!...
—Os engañáis, madre mía.
—Secretario del duque de Osuna...
—Secretario de mi padre.
—¡Ah! aún me parece un sueño que el duque de Osuna... pero y bien, ¿qué hay que hacer por don Francisco?
—Antes de anoche... madre mía... herí malamente á don Rodrigo Calderón.
—¡Tú!