—¿Para que tú... esto es... para que tú tengas ocasión de obligarle á ser agradecido?
—Sea para lo que fuere... ¿créeis que yo puedo serviros de mucho, padre y señor?
—Indudablemente.
—¿Sabéis, padre y señor, que vuestra privanza está muy en peligro?
—¡Bah! eso dicen siempre; hace mucho tiempo que lo dicen, y sin embargo...
—Si os vais privando de la ayuda de todos los que os sirven, acabáreis por no ver nada... yo os he servido bien.
—Esto en resumen es dictarme condiciones, y de una manera indigna.
—Estoy desesperada.
—¿Y si prendo á don Francisco?
—Sabréis todo lo que suceda en el cuarto de la reina.