—Sin él no se hubiera efectuado.
—¿Y queréis que á un hombre que así me sorprende y que así de mí se burla, no le prenda y le sujete? Preso he de tenerle todos los días de su vida.
—¿Aunque yo os ruegue que no le prendáis?
—Vos no debéis rogármelo.
—Os lo suplico.
—Pero yo no entiendo ni una palabra de esto. Creo que todo se vuelve en contra mía: mis hijos, mis amigos... vos... en quien yo confiaba ciegamente.
—¡Yo...!
—Sí, vos; me habéis dicho que os retiráis de la servidumbre de la reina... y vos me hacéis mucha falta al lado de la reina... no contenta aún, os hacéis amiga de nuestra enemiga doña Clara, y amparáis á mi enemigo don Francisco.
—¿Queréis que yo continúe desempeñando el cargo de camarera mayor?
—¿Que si quiero? os lo suplicaría de rodillas.