—Pues bien, continuaré siéndolo.
—¡Ah! ya sabía yo que no me abandonaríais.
—Pero con una condición.
—Hablad.
—Don Juan Téllez Girón no será molestado por la estocada que tiene en el lecho á don Rodrigo.
—Os lo juro.
—Don Francisco de Quevedo no será preso.
—¿Pero qué causa hay que os obligue á proteger á esas gentes?
—No me preguntéis la causa, porque no os la diré.
—¿Y estáis empeñada?