—Empeñada de todo punto.

—¿Y si prenden á don Francisco?...

—No sólo dejo de ser camarera mayor, sino que ofendida de vos...

—¿Ofendida de mí?...

—Sí por cierto; porque habréis desatendido mi recomendación... ofendida por vos, dejaré de ser vuestra amiga.

—No se prenderá á don Francisco—dijo trasudando Lerma, porque al decirlo, recordó el irritado empeño con que su hija pretendía que se le prendiese.

—Gracias, muchas gracias—dijo la duquesa levantándose—; no esperaba menos de vos. Y ya que me habéis complacido, me vuelvo á mi casa.

—¿Pero seguiréis en palacio?

—Sí.

—¿Y me ayudaréis?