—Pues yo recuerdo perfectamente lo que os mandé. En primer lugar, os dije que fuéseis á visitar á cierta dama de quien se vale el duque Uceda para pervertir, á pesar de sus pocos años, al príncipe don Felipe.
—Sí; sí, señor, doña Ana de Acuña.
—Os dí una gargantilla de perlas para ella.
—Sí, señor, y la gargantilla está en poder de esa dama.
—¡Ah! ¿la habéis visto?
—Sí, señor.
—¿Y cuándo la vísteis?
—Con gran trabajo, porque se negaba á recibirme, anoche, ya tarde.
—¿Y qué pasó en vuestra visita?
—Díjela que un altísimo personaje me enviaba á ella, y en prueba de su estimación me mandaba entregarla una alhaja de gran precio. Entonces la dí la gargantilla. Alegráronsela los ojos; pero puso dificultades... me dijo que no conociendo á quien aquél regalo la hacía, no debía recibirle...