—Pero al fin...
—Díjela yo que quien la deseaba era tan alto personaje, que sería necesario, para que no le conociese, que le recibiese sin luz.
—¿Y qué dijo á eso?
—Quiso echarme rudamente de su casa... hizo como que se irritaba... pero no me echó... al fin de muchas réplicas me dijo: no hay persona que no pudiera ofenderme con una solicitud tan extraña sino el rey.
—¿Eso dijo?—exclamó el duque.
—Eso dijo.
—¿Y vos?...
—La dejé en su creencia.
—Habéis hecho bien; ¿y en qué habéis quedado?
—Doña Ana aceptó... y cuando vuecencia quiera, yo la avisaré que... el rey... irá á verla, y la hora en que irá.