—¡Ah! bastante falta me hace, señor, porque la infame de mi mujer me ha dejado arruinado—exclamó Montiño volviendo de una manera tremenda á su pensamiento dominante.

—Yo haré que prendan á vuestra mujer. Dejadme su nombre, sus señas, las de vuestra hija y las de esos otros.

El cocinero escribió con cierto sabroso placer, y entregó el papel que había escrito al duque.

—En cuanto á lo que sospecháis respecto á ese crimen que decís intentado contra su majestad, guardad por vos mismo el más profundo secreto.

—¡Oh! no temáis, señor; yo no sé cómo lo he dicho á vuecencia; ¡estaba loco!.., pero ahora, con el amparo de vuecencia, es distinto... distinto de todo punto... empiezo á vivir de nuevo.

—Id, pues, á ver á doña Ana, y convenid con ella á qué hora podré verla esta noche.

—Iré, señor.

—Y volved á avisarme.

—Volveré.

—Buscad á don Juan Téllez Girón, y dadle de mi parte esa cruz.