—A la tarde vendré yo. Entre tanto, y ya que en tal asunto nos hemos entremetido, Dorotea, voy á deciros francamente la razón de haber yo venido á veros.
—¡Ah! ¡ya sabía yo que no veníais porque yo os había llamado!
—Hubiera venido más tarde, á la noche.
—Veamos á qué habéis venido.
—¿Qué es vuestro el bufón del rey?
—¿El tío Manolillo? Es mi padre.
—¡Vuestro padre!
—Es decir, padre en toda la extensión de la palabra, no; pero ¿qué nombre queréis que dé al que me ha criado á costa de privaciones de todo género, al que vela por mi, al que me ama como ninguno es capaz de amarme?
—Tenéis razón; y decidme: ¿cómo haré yo para atraerme ese hombre?
—Siendo desde ahora todo mío; haciéndole creer que me hacéis feliz.