—¡Cómo! ¿Sabéis...?
—Vaya si lo sé; como que estaba allí, detrás de aquel tapiz, y no he perdido uno de los gestos, una sola de las convulsiones que os ha causado el ver al rey hecho por un momento rey. Y el bueno de Felipe, traía su lección bien aprendida; no ha olvidado nada; y es que los tontos tienen muy buena memoria.
—¡Ah! ¿Han hecho aprender á su majestad una relación de memoria?
—Sí, excelentísimo señor.
—¿Y quién le ha enseñado esa lección?
—Excelentísimo señor, yo.
—¡Vos! ¿Pero á quién servís?
—Me sirvo á mí mismo.
—Pero si el rey dice que ha hablado con el duque de Uceda...
—Y tiene razón; como que yo le he metido al duque de Uceda en su recámara.