El duque creyó que quien causaba el miedo de doña Ana, era el duque de Uceda.
Doña Ana se levantó.
—Continuad, señora—dijo el duque.
—Yo tenía un amante, más por miedo que por amor.
—¡Un amante!
—Sí, señor; el sargento mayor...
—¿Don Juan de Guzmán?
—¡Cómo! ¿lo sabíais, señor?
—Sí, me lo habían dicho.
—Y á pesar de eso, señor, ¡me habéis solicitado!