EN QUE SE ENNEGRECE GRAVEMENTE EL CARÁCTER DEL TÍO MANOLILLO
Cuando el duque de Lerma, de vuelta de la casa de doña Ana, llegó al postigo de la suya, se le atravesó un bulto embozado.
—¡Hola!—le dijo aquel bulto—; detente y escucha.
—¡Ah! ¡eres tú, bufón!—dijo el duque contrariado.
—Soy tu amo—contestó el tío Manolillo.
—¿Qué quieres?
—Muy poca cosa: una orden tuya al alcaide de la cárcel de Villa, para que me deje hablar á solas, cuando yo quiera, con el cocinero mayor del rey.
—¡Cómo? ¿Montiño está preso? ¿y por qué?
—Por un homicidio.
—¿Pero á quién ha muerto?