—Entonces está resuelta... decís bien: y mi resolución es invariable.
—Pues bien, doña Catalina, os juro que os salvaré de vuestra propia locura, antes de algunas horas.
—¿Y cómo?
—Escapándome.
—Os juro que no os escaparéis.
—Lo veremos.
—¿Y cómo haréis para escaparos? yo os guardaré por mí misma; viviré con vos, comeré con vos... ni de día ni de noche me separaré de vos.
—Me escaparé.
—Queréis asustarme, pero no lo conseguís. Si vos sois valiente y resuelto, yo no lo soy menos.
—Ello dirá.