—¿Y qué fué ello?
—El diablo me echó delante al sargento mayor don Juan de Guzmán.
—¡Que os encontrásteis anoche á don Juan de Guzmán!—dijo con asombro el duque—. ¡Bah! ¡imposible! ¡no puede ser! ¡vísteis visiones!
—No vi, tropecé; y como llevaba la daga de punta, porque eran malos sitios, mala hora y mala noche, sin quererlo, sin pensarlo, le maté.
—¡Ah!, ¡matásteis... al sargento mayor!...
—Y me encontró sobre él la justicia.
—¡Ah!—dijo el duque de Lerma comprendiéndolo todo, porque como saben nuestros lectores estaba en el secreto—; ¿y os prendió el alcalde de casa y corte Ruy Pérez Sarmiento?
—¡Cómo, señor, sabéis!...
—Sí, el licenciado Sarmiento me ha hablado de una prisión. Pero si os prendieron, ¿cómo estáis en libertad?
—Bajo fianza de un tal Gabriel Cornejo...