EL SOL TRAS LA TORMENTA
Vestida, arrojada sobre un lecho, con el rostro vuelto contra la almohada, en una bellísima alcoba, había una mujer.
Aquella mujer lloraba silenciosamente; de tiempo en tiempo un sollozo desesperado hacía desgarrador su llanto.
En la alcoba, sobre un reclinatorio delante de una virgen de los Dolores, había una lamparilla encendida.
Fuera de la alcoba, junto á la puerta, estaban sentadas dos dueñas silenciosas é inmóviles.
Pasó algún tiempo así.
Abrióse al cabo una puerta, y asomó por ella la cabeza de una doncella.
—La camarera mayor de la reina quiere ver á la señora—dijo la joven en voz baja.
—¿Qué hacemos, doña Inés?—dijo también en voz baja la una dueña á la otra.
—¿Qué os parece que hagamos, doña María?—preguntó la preguntada.