—¿Conque somos decididamente enemigos?—dijo don Francisco.

—Aún hay un medio de entendernos.

—¿Cuál?

—Entre mis bienes dotales, tengo yo hacienda cerca de Nápoles.

—¡Oh! pues entonces...

—Si me pruebas que me amas, abandono á España, y con el pretexto de la salud, de mudar de aires, del deseo de ver aquellas posesiones mías, me voy contigo.

—No puedes dudar de mi amor.

—Necesito una prueba.

—¿Cuál?

—Permanece aquí, deja á mi cuidado el salvar á ese don Juan, y cuando esté en salvo, partiremos juntos.