—Hacéis bien en no fiaros, porque no soy hombre de fiar; pero hoy me confieso vuestro.
—Pues echa delante, que mejor quiero ver si eres gallardo, que no que tú me veas las espaldas.
—No me quejo, y delante echo.
—Vóime fiando de ti, porque te tengo fiado.
—Dentro de poco fiaréis más.
—Paréceme que suena gritería en la quinta.
—Sin duda vienen á apagar el fuego.
—Pues andemos de prisa, si es que yo puedo.
—Ya no dan con nosotros; está muy lejos y por aquí hace obscuro.
—Pues silencio, no nos sientan.