—¡Cómo! ¡pues qué ha sido de Dorotea!
—Debéis alegraros por lo que toca á vuestra hacienda, aunque la lloréis como cristiano; la Dorotea os tenía apurado; dándose muerte desesperada, os ha librado de apuros y de gastos.
Púsose densamente pálido el duque de Lerma.
—¿Pero quién ha asesinado á... Dorotea?
—Su despecho.
—Su muerte va á causar un alboroto, un escándalo; era muy querida del público.
—Pues ved ahí lo que son las mujeres: ella no ha pensado ni un momento en el escándalo que iba á dar matándose.
—Pero explicadme...
—Ya os he dicho que estoy de prisa; por lo mismo quiero concluir pronto. Que la causa de su muerte se oculte; que su secreto se entierre con la infeliz, como el otro con el bufón.
—Se enterrará, se enterrará. ¿Pero dónde está Dorotea?