—Puede ser.

—¿Y es hermosa?

—Puede que lo sea.

—¿Y sabéis su nombre?

—Puede llamarse... se puede llamar con el nombre que mejor queráis; os aconsejo que no toméis jamás el nombre de una tapada, sino como un medio de entenderos con ella.

—¿Pero no decís que la conocéis?

—Lo que prueba, pues tanto me preguntáis, que no la conocéis vos.

—¡Ay! ¡no!

—¿Os habéis ya enamorado?

—Lo confieso.