—Una palabra.
—¡Qué!
—¿Sois dama de la reina?
—No, soy su menina.
—¡Ah! su menina... y vuestro nombre, vuestro adorado nombre.
—Doña Clara Soldevilla, hija de Ignacio Soldevilla, coronel de los ejércitos del rey—contestó la dama.
—¡Ah! no en vano os llamáis Sol...
—Pero concluyamos, caballero. Vos tenéis que ir á Atocha. Yo me he detenido ya demasiado.
—Adiós, pues—dijo Juan Montiño, tomando una mano á doña Clara y besándola.
Y se dirigió á la salida.