—Más fácil es que el duque de Lerma muera en un patíbulo, lo que por desgracia no deja de ser dificilísimo, que el que yo sea esposa de ese joven.
—¿Y por qué?
—Olvida vuestra majestad que mi padre, tratándose de mi enlace, no prescindirá jamás de su nobleza.
—Ese joven es hidalgo, según he entendido.
—Sí; sí, señora, hidalgo es, pero...
—No importa que sea pobre; es valiente y alentado.
—Sí, es cierto; pero...
—Como valiente y alentado hará fortuna.
—Por mucha que haga...
—Tu padre no es codicioso.