Durante algún espacio nada se oyó. Luego se escucharon sordas y contenidas las mismas leves pisadas, se alejaron, se perdieron.
—¿Es él?—dijo Quevedo.
—El debe ser; pero el cocinero mayor... ¿cómo se atreve ese hombre?...
—Francisco Montiño no está en Madrid esta noche.
—¡Ah! ¿pues qué cosa grave ha sucedido para que deje sola su casa?
—Según me ha dicho su sobrino postizo, ha ido á Navalcarnero, donde queda agonizando un hermano suyo.
—¡Oh! entonces el que ha pasado es el sargento mayor Juan de Guzmán.
Y el bufón se levantó y abrió la ventana de su mechinal.
—¿Qué hacéis, hermano? cerrad, que corre ese vientecillo que afeita.
—Obscuro como boca de lobo—dijo el bufón.