—Decidme: detened á ese hombre, y no da un paso más.

—¿Y mataríais por mí á quien no conocéis? ¿á un hombre que ningún mal os ha hecho?

—Sí.

—¿Y si no fuera yo quien creéis?

—¿Quién otra pudiera ser?

—La dama de palacio.

—Es que yo no he visto en palacio ninguna dama.

—¿La habéis prometido callar?

—Os juro que á ninguna dama he visto.

—Decidme... pero rodeemos por esta calle: ¿á qué habéis venido á Madrid?