—A buscar á mi tío, que es el cocinero mayor del rey.
—¡Ah! ¿y al arrimo de vuestro tío, venís á pretender algún oficio á la corte?
—Yo, señora, no pretendo nada.
—¿Sois rico?
—Soy pobre. Pero para servir bajo las banderas del rey como soldado, no son necesarios empeños.
—¿De modo que...?
—Vengo á traer á mi tío el cocinero una carta de mi tío el arcipreste.
—¡Ah! ¿y de dónde venís...!
—De Navalcarnero.
—¿Y nunca habéis salido de esa villa?