Un gentilhombre estaba respetuosamente descubierto delante de doña Catalina.

—¿Conque es decir que la señora camarera mayor—dijo la de Lemos—se ha puesto tan enferma que se ha retirado?

—Y os suplica que la reemplacéis, noble y hermosa condesa.

—Muy bien; retiráos.

—¿De todo punto?

—De todo punto; que cierren bien las puertas exteriores y que las damas, las meninas y las dueñas se retiren también.

—¿Y se va vuecencia á quedar sola?

—Que esperen dos de mis doncellas en la saleta de afuera.

—Muy bien, señora; Dios dé buenas noches á vuecencia.

—Gracias.