—Sí, señor..

—¿Sois acaso pariente del cocinero mayor del rey?

—Soy su sobrino, hijo de su hermano.

—¿Qué servicio habéis prestado á su majestad?—dijo de repente el padre Aliaga.

—Lo ignoro, padre.

—Pero...

—Si esa carta de su majestad no os informa, perdonad; pero guardaré silencio.

—¿Qué edad tenéis?

—Veinticuatro años.

Quedóse un momento pensativo el padre Aliaga.