—¿He dicho de palacio?... eso es... ¿habrá estado en mí casa?... sí, cierto...

—En vuestra casa mientras vos habéis estado fuera, no ha estado nadie más que la justicia...

—Sí, sí; ya me ha dicho mi mujer...

—¿Y no os ha dicho vuestra mujer que haya estado nadie más?

—No por cierto.

—Señor Francisco, los hombres viejos no debían casarse... sobre todo con mujeres jóvenes y bonitas.

—Señora María—exclamó todo bilis y enojo Montiño: sois una bribona...

—Bien, muy bien; ahora los insultos.

—¿Queréis vengaros de mí porque os he echado á perder un buen negocio?...

—Yo no me vengo, no os he dicho nada que merezca la pena de que me tratéis así.