—Mi hija no conoce á su primo.
—Pero como tal primo es tan hermoso y tan atrevido... replicó la señora María.
—Dejemos esta conversación, señora María, que estáis equivocada de medio á medio; mi sobrino no ha estado en mi casa...
—Pues si ha estado en palacio y no en vuestra casa...
—Ha estado en la casa del rey—dijo una voz á la puerta.
Volvióse todo hosco é incómodo el cocinero y vió al bufón del rey.
El tío Manolillo entró con las manos puestas en las caderas, miró frente á frente al cocinero de su majestad, se le rió en las barbas y se sentó en un taburete de pino.
—Y bien, ¿por qué os reís?—dijo Montiño amostazado, porque hacía mucho tiempo que le causaban ojeriza las bromas del bufón.
—Ríome porque siempre que os veo me da gozo, señor Francisco—dijo el tío Manolillo.
—Es que os estáis gozando conmigo hace muchos días.