—¿Qué queréis? cuando yo veo la felicidad de los demás, me perezco de alegría.
—¿Y qué felicidad veis en mí, amigo bufón?
—¡Bah! ¡vuestra mujer!...
—¡Mi mujer!—exclamó, sintiendo un sacudimiento nervioso el cocinero.
—Ciertamente, vuestra mujer... os ama mucho... mucho... muchísimo... Os ayuda en todo lo que puede.
—¿Sabéis que ya me incomoda el que me habléis tanto de mi mujer?
—Como que estoy enamorado de ella...
—Vos no amáis más que á esa comedianta que os tiene vuelto el juicio...
—Puede ser, porque tratándose del juicio de los hombres, no conozco cosa que tanto se lo vuelva como las mujeres. Pero dejándonos de bromas y ya que hablábamos de vuestro sobrino, ¿cómo ha pasado la noche ese valiente joven, señora María?
—¡Qué! ¿conocéis á mi sobrino, tío Manolillo?