—¿Pero en dónde?

—Donde no entran todos.

—¿Estáis seguro de lo que decís?

—Vaya si lo estoy.

—¿Y habéis hablado con él?

—No, pero no importa; sé que anda enamorado y en aventuras.

—¿Y le corresponden?

—Tal creo.

—Tenemos que hablar á solas... no os ofendáis, señora María.

—La señora María no se ofende de otra cosa que de no ganar dineros.