—Yo no puedo ofenderme de lo que me da risa.
—¿Y qué os da risa en esto?
—El secreto que gastáis... como si no supiéramos que en palacio es muy fácil tener amores altos.
—Como es muy difícil que vos dejéis de ser una deslenguada.
—Os advierto, hermano bufón, que si mi esposo os oye, que pudiera ser, os cortará una oreja.
—¡Bah! ¡el escuderote! Pero dejando esto... ¿dónde tiene su aposento el señor Juan Montiño?
—Ved que sale en persona—dijo la vieja señalando una puerta que se abría, y tras la cual apareció el joven.
—¡Ah! ¡mi buen sobrino!—exclamó Montiño corriendo hacia él.
—¿Cuánto pensará ganar con su sobrino el cocinero del rey, cuando tan bien le trata?—dijo para si el bufón.
—¿Y mi tío Pedro?—dijo el joven con solicitud.