En el nido de una corneja.

—¿Y dónde tiene esa corneja su nido?

—Es la manceba vieja de un tal Cornejo, galeote huído que anda haciendo milagros en la corte.

—¡Ah! ¡Un ensalmador de condenados, reparador de injurias y falsificador de doncellas! Conozco al tal.

—¡Pero vos conocéis á todo el mundo, don Francisco!—dijo Dorotea.

—Conócenme á mí todos; no es mía la culpa; el que en enredos anda, enrédase.

—Yo creo haber oído hablar de ese Cornejo—dijo Dorotea.

—¿Ha graznado á vuestra oreja? pues mal agüero, hija; si supiera esto su excelencia, juntamente con que yo...

—Vos os tomáis licencia para todo; en cuanto á ese Cornejo, conózcole por haberme hablado de él mis compañeras.

—Señor Juan Montiño—dijo Quevedo con voz campanuda—: necesito hablar con vos á solas.