—Me importa poco.
—Que os pueden encerrar.
—Me importa menos.
—Que os puede suceder algo que negro sea.
—Sucédame en buena hora.
—No negáis la pinta.
—¿Qué pinta?
—La de vuestro padre.
—Creo que mi padre hubiera tenido en estas circunstancias tan poco cuidado como yo.
—Créelo sin dificultad y me alegro de que os parezcáis á vuestro padre. Sólo por eso os había llamado: estaba cuidadoso por vos. Y decidme, ¿si no habéis dormido, tendrá la culpa doña Clara Soldevilla?