—¡Cómo! ¡pues qué! ¿Sabéis...?

—Yo lo sé todo.

—Tenéis sin duda un diablo familiar.

—Puede ser. ¿Y los amores os han quitado el apetito?

—No por cierto.

—¿No? pues me alegro; ni yo tampoco. ¡Dorotea! ¡amiga Dorotea!

—Decid á vuestra negra que nos dé de almorzar.

Almorzaremos todos juntos—dijo Dorotea.

—Que me place: almorzarán juntos el amor y las musas, una ninfa y un sátiro. ¿Y tenéis buena despensa? supóngolo.

—¡Ah! me cuidan como una reina.