—Créolo; como creo que agradecéis como una reina los cuidados. Perdonad, amigo Juan, si me dejo ver de vos desencuadernado—dijo Quevedo saltando del lecho en paños menores—; hacedme la merced de echar esas cortinas, no se escandalize Dorotea.

—¿Os levantáis?—dijo la comedianta—: me alegro, voy á mandar sahumar la alcoba.

—Pues dudo mucho...

—¿Que?...

—Que haya sahumerio que la quite su olor: si yo no tuviera la cabeza tan fuerte, trastornado saldría y entontecido. Huele aquí...

—A hermosura...

—Bien, lo creo.

—Y de hoy en adelante olerá á ingenio...

—¿Por qué, pues, sahumais?...

—Pudiera pegársele á don Francisco...